“Ser, o no se ser ‘guachaca’… ahí está la huevadita”

 La Cultura Guachaca es hoy el gran fenómeno mediático que se ha apoderado de la televisión, donde el que es chileno de corazón, es, a la vez, todo un  guachaca… pero ¿sabemos realmente lo que significa serlo?

 

> Nadie desea quedarse fuera de este fenómeno. Vemos el matinal, apoyamos a la “Tonkita” en su candidatura a reina… sin embargo, no percibimos el papel real que desempeñamos en el sucio juego de poder y marketing, del cual somos protagonistas, sin siquiera darnos cuenta de ello…

 

            Era un día de sol, a eso de las dos de la tarde, en una micro amarilla recorriendo el Gran Santiago. Los 28 grados de temperatura sofocan a cualquiera en un bus, en que todos viajan pegados unos a otros, donde el aire parece no querer entrar por las diminutas ventanas de aquel medio de transporte urbano. Así vive el chileno común y corriente. A mi lado, un joven escuchando música, con el volumen a más no poder, tarareando la canción con un inglés que ni el más avezado traductor lograría descifrar, y un poco más atrás, había un hombre durmiendo, con la cabeza colgando del cuello, meciéndose de un lado a otro, con la boca entre abierta…

 

Eso es ser chileno, viajar en micro todo pegoteado entre la gente, vestirse con ropa americana, ir a La Piojera a tomarse un suculento “terremoto”, ver tele y los programas de farándula y, de esta forma, estar informado de la vida de quienes creemos “famosos”. Ese es el prototipo del típico guachaca, según su propio “guaripola”, Dióscoro Rojas, quien diera inicio a este movimiento que intenta “recuperar una nueva chilenidad”, construyendo así un país más unido, donde no se menosprecie al que tiene menos o que sea, cultural y/o económicamente, más pobre.

 

            Como filosofía o pensamiento parece razonable, y bastante constructivo para nuestra sociedad. Pero, ¿qué hay de cierto en ello?. El escritor y sociólogo chileno, Pablo Huneuss, en su libro “La Cultura Huachaca”, habla de la televisión y de los elementos que considera como basura, los cuales se exhiben a diario por la pantalla abierta.  Lo que intenta Huneuss, es analizar a la televisión de los años setenta, abarcando un período mucho más amplio, el cual alcanza incluso, nuestros días. Comenta, cómo la televisión se ha convertido en la gran falacia mediática de los últimos treinta años, haciendo hincapié en que los chilenos, no vemos el papel real que jugamos en este círculo. Somos protagonistas, sin darnos cuenta, de un juego de intereses económicos entre los dueños de las principales cadenas de televisión, de las cuales se cuelgan otros medios, como diarios y revistas, para lucrar en base a la vida de los famosos y mediante el lema “¡Chilenos todo el año!”. Todo esto bajo la hipnosis de la pantalla chica, en la cual caemos sin mayores inconvenientes.

 

            Opiniones encontradas entre periodistas y analistas de la televisión, nos muestran a los chilenos como víctimas y victimarios de este progresivo fenómeno mediático.

 

¿Qué es la Cultura Guachaca?

 

            Todos la nombramos, pero nadie sabe a ciencia cierta qué es. Unos dicen que un movimiento patriótico, que intenta recuperar la chilenidad perdida; otros dicen que es una simple moda que pasará como el movimiento hippie, rock, entre otros; mientras algunos plantean que es un fenómeno mediático, que intenta abusar de la ignorancia de las personas. “Es bacán ser guachaca; ¡yo soy guachaca po!… entrevísteme señorita; ¿voy a salir en la tele?” me dijo un hombre, apostado en la entrada del local,  de cabellos grises producto de la suciedad, con un jarro en la mano, el cual expedía un fuerte olor vino tinto a pesar de ser, apenas, las doce del día. Traía encima un chaleco que, en algún momento fue azul y que ahora, con algunos agujeros, denota el pasar de los años y la vida en la calle. “Ya pues, dama, yo le respondo lo que quiera”, siguió.

 

            Ese era el mundo de los guachacas, su lugar de encuentro, el sitio favorito para beber vino a bajos precios, las veinticuatro horas del día. Este lugar, real y tangible, deja en evidencia un fenómeno que parece ser realmente representativo de sus adeptos. Sin embargo, para el periodista Julio Mundana, ex colaborador del desaparecido Diario Siete, la Cultura Guachaca, simplemente, no existe, ya que no constituye una cultura, sino una forma entretenida y peculiar de hacer negocios. Además señala que este fenómeno se aleja enormemente de lo que en sus inicios ha promulgado como la recuperación de la identidad nacional perdida con el correr de los años. “Para mí, la Cultura Guachaca de Rojas, es elitista, discriminadora y más ligada al marketing que a la esencia de la sociedad: son eventos y no una forma de ver la vida”, señala Mundana. Elitista se refiere a que se cobra por entradas y el precio de consumo es demasiado caro en eventos destinados al común de los chilenos, lo que claramente asegura que no todos pueden acceder a estos eventos, por lo cual, restringe el público objetivo al cual estaría, supuestamente, destinado la realización de dichos eventos, y por lo tanto este no sería un movimiento en pos de la unión popular.

 

Pensamiento que se contrapone a los de Dioscoro Rojas, cuando señaló, tras definirse la realización de la Fonda Guachaca 2005 realizada en Viña del Mar, que “en la ciudad jardín hay cuicos, pero también hay guachacas”, recalcando que los miembros de este movimiento pro chilenidad lo compone la clase media y baja. Pero, ¿no se estará discriminando a quienes tienen un poco más de recursos? ¿es éste entonces, un movimiento que intenta, realmente, unir a Chile? Respecto de esto, Rojas señala que “antes a las radios no me invitaban porque hablaba lento… esa es la discriminación; hasta me están comenzando a encontrar simpático… y todos se han comenzado a acostumbrar. Pero no tiene sentido… no hay nada que hablar, y en ese sentido, nosotros hemos sido respetuosos”.

 

 

“El gran bufón del siglo XX”

 

Nos levantamos con el matinal y las noticias del espectáculo, si es que se les puede considerar como tal, al medio día vemos el S.Q.P., para luego almorzar mirando las patrañas que se muestran en “Laura en América” y “Caso Cerrado”, después ver Pasiones, seguir con las historias y enredos de Mekano o Rojo, y acabar con la novela de las ocho de la noche, con una tacita de té y un pan calentito. Y así se pasa el día, uno tras otro se transmiten programas que poco o nada aportan al diario vivir de un chileno normal.

 

La sicóloga, Arleen Fernández señala, que esta una forma fácil y barata de olvidarse de los problemas. Para Huneuss, sin embargo, el problema no pasa por eso, sino por la idea errada de pensar que la televisión es el medio de entretención más barato y práctico que existe, sin que podamos notar el perjuicio que le causa a la sociedad un medio de comunicación que no permite el trabajo mental, ya sea, analítico como imaginativo, que no aísla del resto y nos deja sometidos bajo la hipnosis de sus programas y campañas publicitarias.

 

Para el periodista Ricardo Romero, subdirector de la Revista TV-Grama, “la televisión  es el gran bufón del siglo XX”, destinado a la entretención de la población, perdiendo la finalidad educativa e informativa que en algún momento promulgaron sus creadores. De ahí que los medios escritos, en su mayoría, se cuelguen de este fenómeno que ha significado la farandulización de los espacios televisivos, y opina a la vez, que la gente no quiere ver accidentes en otros países, ni programas científicos, que los haga pensar. “Los chilenos hoy en día lo que quieren es olvidarse de sus problemas y se ha refugiado en la televisión, que le permite evadirse de las dificultades del diario vivir en esta sociedad en que los bienes están tan mal repartidos” señala Romero, mientras mira le televisión ubicada frente a su escritorio, la cual está encendida todo el día.

 

Entonces, ¿eso es ser guachaca? ¿Evadir la vida que llevamos? Para Huneuss, la televisión no muestra lo que la gente quiere ver realmente, sino que todo se basa en intereses económicos más que sociales. No puede culparse a la sociedad de lo que los medios de comunicación le entregan.

 

            Parece ser la televisión, la gran culpable de que esto ocurra, y se desarrolle una cultura popular que dista mucho de ser unificadora del país. Ante la idea de que éste sea solo un elemento del marketing, el “guaripola” dijo “con respecto a la moda, nosotros nunca hemos tirado camisetas guachacas… a lo mucho tiraremos unos calzoncillos largos, pero nada más”, y con una sonrisa se lleva la taza de café que ya tiene a medio acabar.

 La idea de crear un elemento unificador que nos identifique como chilenos es simpática y acogedora, pero inaplicable como el socialismo. Sin embargo, el chileno de hoy, sumergido en el consumismo, no logra percibir que este fenómeno, que parece ser beneficioso y popular, hasta divertido, pero que no es más que un recurso de los grandes empresarios y dueños de los canales de televisión, para lucrar y obtener cuantiosas ganancias a costa de la ignorancia de todos nosotros. Porque educar a la gente significaría perder millones, para los empresarios de este medio, más vale ignorante conocido, que culto por conocer…

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